Kandish Blog

January 28, 2008

A Mafalda le Gustaría

Filed under: Personal

sopa

No importa de cuantas maneras diferentes intente preparar una sopa Ajinomen, NUNCA me quedan igual a como Ale las prepara. A simple vista no parece nada complicado; las instrucciones al reverso solo indican tres pasos, nada del otro mundo. Los sigo de maneras muy distintas cada vez, pero no hay caso, no sabe igual.

No me quedan mal, es cierto, pero, no tienen el sabor que busco. No despiertan en mi una necesidad por más, ni poseen una pizca de aquella reconfortante sensación que los que Ale prepara. El aroma es distinto, incluso la temperatura, nunca es perfecta. ¡Y pensar que Alexandra los prepara sin esfuerzo! Es inútil; mis sopas ajinomen terminan siendo, finalmente, solo eso: simples sopitas ajinomen, solitarias y mezquinas en sabor.

Estuve pensando en ello hace poco y una voz en mi me hizo caer en la cuenta, “es que simplemente, los prepara Ale, por eso sabrán diferente… siempre más ricos”.

Quizás sea cierto; quizá no importe cuan sofisticado sea el chef, o cuan maternal la madre, si alguna vez pruebo de ellos un poco de sopa jamás se compararán a la sopa instantanea que me prepara mi Ale. Los sabores escapan los parámetros de los condimentos tradicionales y se inundan de ternura, de perspectiva y emoción; la calidez cobra un nuevo significado; la textura del caldo posee fuerza y sutileza, una suerte de potencia restauradora que reconforta más allá de cualquier experiencia culinaria.

¿Por qué los sentidos son tan enigmáticos? ¿qué se necesita exactamente para que un sabor nos conquiste, o para que un aroma nos quite el aliento? Nuestra percepción se torna borrosa y se confunde con recuerdos esquivos de impresiones sesgadas por emociones y expectativas. Así, por ejemplo, yo ahora recuerdo lo primero que Ale alguna vez preparó para mí… y sí, en efecto, fue una sopita ajinomen.

Quien me conoce sabe muy bien que no poseo precisamente la mejor de las memorias; olvido nombres, fechas, y circunstancias incluso cercanas. Si para mí es un problema, imagínense lo que es para aquellos que tienen que compartir conmigo las consecuencias de mis olvidos. Sin embargo, estoy perfectamente segura de que no olvidaré ciertos detalles que marcaron de algún modo significativo mi existencia, y, aunque suene ridículo, la particular sopita ajinomen de Ale se encuentra entre esos recuerdos indelebles en mí.

Olvidé ya de donde venía, solo que llegaba cansada, o algo así. Llegaba a la Pacha Casa, y ahí ya había varias Pachas. La mudanza aún lucía desordenada y el colchón en la sala era el mueble favorito. Ale me preguntó si quería un poco de sopa y dije que sí… al probarla, ¡voalá! Quedé impactada.

Dudo ahora si en ese preciso instante era consciente de la gran diferencia que marcaría ese plato de sopa en mi vida. Yo simplemente estaba feliz. Tuve la certeza, por primera vez en todos esos días, que el interés que sentía por Ale era recíproco, y que deseaba con muchas fuerzas ser en algún momento la monopolizadora de sus atenciones. Comprendí por completo, y en una cucharada, la fuerza de su tierna sonrisa. Así, de golpe, supe que estaba más que enamorada.

Y pensar que un producto tan básico, promocionado como el gran saca de apuros de los estresados de siempre, sería, para mí, una imagen tan poderosa de certeza y cambio. Lo cierto es que, días después, y en circunstancias siempre diversas, he podido probar las sopas de Ale una y otra vez, y siempre son muy, muy ricas. Hay algo en ellas que escapa a los puritanos componentes que la etiqueta describe, existe cierto encanto, cierto hechizo envuelto en caldo que logra capturarme una y otra vez. Trasmiten la honesta calidez que es esquiva a las palabras, pero que confortan de maneras más efectivas. Aquella calidez que, siempre que me siento sola y tengo una sopita a la mano, trato de emular… solo para consolarme con la no remota esperanza de que mi Ale aceptará un día de estos prepararme una otra vez.

Claro, el que sea verano no ayuda mucho. Perseverancia, perseverancia.

4 Comments »

The URI to TrackBack this entry is: http://kandish.blogsome.com/2008/01/28/a-mafalda-le-gustaria/trackback/

  1. jajaja…q buena! es que la magia esta en la intencion preciosa.
    pero la primera sopa preparada, de aquel 18 de diciembre 2006 entre 7 y 8pm no era cualquiera…no mi amor…era SABOR ORIENTAL, yo pense que tendria sabor a wantan pero no! es una estafa, sabia a sopa de sultan y sky…asi que me incline a las de gallinita, con la experiencia culinaria
    dije..con menos aguita..con tu toke d agua fria..con 3 vueltas a la derecha y 3 en zig zag sale cañon!…asi hasta me tumbe a tu hermana chef.
    jejeje ya vez..tu sopa d mango y ensalada d kinua no hacen nada con mi ajinomen.
    provecho!!! jejeje

    Comment by alexandra — January 29, 2008 @ 3:20 am

  2. Vaya chica, si que estas enamorada ^^UU…
    Bien por Ale, bien por ti ^^

    Comment by Gis — January 29, 2008 @ 4:40 pm

  3. leer estas cosas… me hacen pensar…q…no tiene nada de malo..lo que leo…aplaudo la visibilidad… que les vaya bien quienes sean …desde ya las apoyo.

    Comment by Medalith — February 28, 2008 @ 8:42 pm

  4. Mil gracias, Medalith, por el comentario. No sé como aterrisaste en este humilde blog, pero agradezco tus buenos deseos. Saludos, y lo mejor del mundo para ti.

    Comment by kandish — February 29, 2008 @ 1:55 am

RSS feed for comments on this post.

Leave a comment

Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>



Anti-spam measure: please retype the above text into the box provided.






















Get free blog up and running in minutes with Blogsome
Theme designed by Helga Cleve